La Sagrada Familia no es la Catedral del Pueblo
- carpegom
- 21 nov 2025
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La marca “Barcelona” está indisociablemente unida a la marca “Antoni Gaudí” (1852-1926) Y desde ambas “marcas” se están cometiendo todo tipo de perversiones por “el bien común” de mantener vivo al vellocino de oro del cual emana maná constante.
La imagen difusa y muchas veces errónea que tenemos de nuestra ciudad, es en gran parte debido a la actual época de fragmentos desconectados que nos ha tocado vivir. Una sociedad y cultura más preocupada por la imagen de “postureo intagramero” sin importar en absoluto el trasfondo y origen real de los hechos y las narrativas históricas. Es por todas estas circunstancias que la Sagrada Familia encaja perfectamente en esta disyuntiva de identidad difusa y transformada creada por la sociedad actual. La basílica y sus torres son una imagen visual muy potente, pero a la vez no dejan de ser un decorado lleno de “filtros” que no soporta el peso de la memoria y se desmontan con el primer aire de realidad que se les aplica.
La Sagrada Familia es ante todo una perversión impuesta a la ciudad. Es un templo expiatorio para expirar todos nuestros pecados, pero a ¿Qué pecados nos estamos refiriendo? Y en todo caso ¿Debemos expirar algún pecado?
Si estiramos el hilo, vemos que debemos remontarnos a los hechos acontecidos durante semana trágica ocurrida en Barcelona y otras ciudades catalanas. El 9 de julio de 1909 los obreros españoles que trabajaban en la construcción del ferrocarril que uniría Melilla con las minas de Beni Bu Ifrur (propiedad de la Compañía del Norte Africano, de capital francés, pero de pertenencia española de la Compañía Española de Minas del Rif, una sociedad controlada por la familia del conde de Romanones y la Casa Güell emparentada con el marqués de Comillas), sufrió un ataque. La respuesta del rey de España Alfonso XIII y el presidente Antonio Maura fue enviar tropas a África para defender estos intereses, más particulares que generales. Las clases pudientes podían librarse de ir a la guerra pagando una tasa de excepción, algo imposible para las clases obreras y trabajadoras. La gente se hartó de esta injusticia, hay que contextualizar que el país venía de las guerras de independencia, Cuba y Filipinas, y la sociedad estaba harta de pagar con sus vidas y su sangre los intereses crematísticos de los más poderosos. Este fue el caldo de cultivo de la semana trágica, donde literalmente Barcelona ardió. Las clases trabajadoras se sublevaron contra esta injusticia y empezaron a atacar los símbolos del poder. La iglesia católica, una vez más, estaba aliada del lado de los caciques poderosos, cosa que provocó ataques y quemas de varias iglesias.

Imagen de la ciudad de Barcelona durante la semana trágica (1909), literalmente una ciudad en llamas.
Los obreros sufrieron una fuerte represalia por las tropas llegadas de toda España (…la historia parece que no para de repetirse…), y es en este magma donde aparece la idea de hacer pagar al pueblo y a las clases obreras esta sublevación con la expiación (“Que expía o repara una falta, delito o culpa” según la RAE), con la construcción de un templo expiatorio, que se construiría con el dinero que todos aportarán para así limpiar sus pecados y quedar resarcidos de estos “actos abominables”.
Y de este lodo se pusieron las primeras piedras, con un ultra católico arquitecto llamado Antoni Gaudí al frente, obra a la que dedicó el resto de su vida. Tanto es así que una de las esculturas instaladas en el templo aún en vida del ilustre arquitecto, nos muestra al diablo adaptando la forma de una serpiente, dando a un obrero una bomba “Orsini” para hacerse valer de estos para expandir su mal, en una alusión a los atentados con este tipo de bombas perpetrados por los anarquistas contra las élites burguesas en el Liceo de Barcelona.

Imagen de la escultura en el interior de la Basílica simbolizando el mal, a través de un obrero
"La Sagrada Familia no es la catedral del pueblo ni un capricho arquitectónico o una genialidad. Es un edificio que va más allá de un edificio, con una gran carga ideológica. La Sagrada Familia, como toda la obra de Gaudí y hasta la propia Barcelona, se ha banalizado hasta el último extremo. Es un templo que impone una imagen de la ciudad, un templo para expiar los pecados de la sociedad", señala Juan José Lahuerta, director de la Cátedra Gaudí de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). En una entrevista al catedrático podemos leer:
¿Qué relación tenía Gaudí con los pobres y con aquel movimiento obrero que surgía en Barcelona por parte de gente que se sublevaba por la explotación brutal que sufrían?
— Bueno, la relación era contraria. Es decir, la Sagrada Familia se construye en contra de todo esto. Empieza cuando, en los años setenta del siglo XIX, un grupo de personas se organizan como Asociación de Devotos de San José, y, en perfecta sintonía con lo que pasa en todo Europa, ven la situación general como una especie de fin del mundo. El Sacre Coeur de París, que es el gran modelo de la Sagrada Familia, se construye después de la Comuna. Con estos templos expiatorios lo que se redime es el pecado de la lucha de clases. Y se construyen en contra, evidentemente, de un pueblo organizado como pueblo revolucionario y proletario. “La Sagrada Familia se construyó contra la Barcelona proletaria y revolucionaria” concluye Lahuerta.
Antoni Gaudí vivió una de las épocas más violentas de la historia de esta ciudad, por no decir la más violenta, y él no se aisló de esto, todo el contrario, se posicionó a favor de unos y en contra de los otros.
El escritor británico George Orwell escribió en el libro Homenaje a Catalunya (1928) unas líneas dedicadas al monumento, Orwell se explaya de esta manera en referencia a la Sagrada Familia: “Es uno de los edificios más feos del mundo” comparando las únicas torres existentes en ese momento con “4 agujas almenadas, exactamente como botellas de vino del Rin”. Orwell no se priva en su libro de lamentar “que los anarquistas demostraron muy mal gusto al no derribarla cuando tenían la oportunidad.
Lo cierto es que la edificación permaneció sumida en un sueño letárgico, sin importar ni a los constructores ni a la ciudad ni a nadie su continuidad, y quizás hoy la Sagrada Familia dormiría en el imaginario colectivo de la ciudad como aquel edificio inacabado de Gaudí que se inició hace varias generaciones, en aquel espacio urbano usurpado donde Ildefons Cerdà había previsto un hipódromo en su plan del ensanche. Pero llegó el año 1992, y la ciudad se desentumo del sueño que la había mantenida letárgica y apartada del foco internacional, todo cambió de repente y el dinero en forma de turismo empezó a emanar a la ciudad y su Gallina de los huevos de oro (La sagrada Familia) se puso en marcha de nuevo, en un proceso imparable de construcción. Se saltaron todas las normativas urbanísticas, se estaba construyendo sin planos, ni licencia de obra, esta licencia tardó más de 130 años en llegar y la construcción ya no sigue ningún sentido del original, al perderse planos y maquetas. Se ha continuado con unas interpretaciones personales y arbitrarias con la construcción del templo, utilizando piezas de hormigón prefabricado para la construcción.
En la actualidad varias son las voces que se han quejado de la actual anomalía que representa esta construcción en la ciudad.
Daniel Mòdol, arquitecto y exconcejal de Ayuntamiento de Barcelona, reflexiona sobre la anomalía de la Sagrada Familia dentro de la trama urbana de la ciudad. “Una gran farsa que arrastramos desde hace tiempo. No se rige por ningún sistema constructivo. Perversión (moldes de hormigón)” tildando la obra como "mona de Pascua gigante", "pseudoobra de Gaudí" y "gran farsa que arrastramos desde hace tiempo". En una entrevista al ser preguntado por el impacto del templo dentro de la trama urbana, Daniel Mòdol contestó:
“Lo extraño es que este debate no se haya producido antes. ¿Cómo puede ser que en la ciudad se esté construyendo una mole como ésta de la que no hay planos ni tiene licencia urbanística? ¿Usted conocía alguna otra situación en la que se haya podido levantar un edificio de tales dimensiones sin planos o sin que la administración tenga constancia de hacia dónde va? No tenía sentido que esa irregularidad urbanística estuviese justificada en el nombre del patrimonio cuando ni siquiera estaba catalogada. Utilizando el nombre de Gaudí, unos promotores privados montaron su negocio y se sintieron libres de construir lo que quisieron, que evidentemente no era del arquitecto Gaudí. Sin licencia urbanística y sin ningún valor patrimonial, estaban haciendo un poco lo que les daba la gana. El proyecto tiene unas afectaciones tremendas sobre el entorno y sobre los vecinos. El Ayuntamiento tenía que saber hacia dónde iba esa obra y se tenía que compensar urbanísticamente el impacto que genera en el entorno inmediato. Me sigue pareciendo una mona de pascua porque no sigue ninguna lógica constructiva normal.
El hecho de que se le haya concedido al templo una licencia de obra 130 años más tarde (ha estado operando con una de 1880) y la necesidad de la aprobación de un plan urbanístico que regularizase la situación actual ha confirmado que en nuestra ciudad es posible la patada para delante y la impunidad urbanística premiada con una licencia de ocasión. ¿Dónde ha quedado el urbanismo participativo y el interés general en las operaciones de transformación de la ciudad? ¿Cómo es posible no dar respuesta a la complejidad de la operación de una sola vez? ¿Merecen los vecinos ser obviados en todo este proceso? ¿Quiere esta ciudad evidenciar de esta manera la improvisación en su urbanismo?”
El exconcejal añade: “Desde el punto de vista del patrimonio arquitectónico, una ciudad que ha presentado recientemente su candidatura a ser la capital mundial de la arquitectura a la Unesco no puede hacerse trampas al solitario atribuyendo a Gaudí lo que es de Faulí (el arquitecto actual) y mucho menos permitir que tal engaño pueda justificar la ilegalidad y el antojo arquitectónico que marcará para siempre el 'skyline' de la ciudad. La fe ciega en las mentiras aposentadas está de moda en el país, pero las arquitecturas monumentales perviven tras los procesos sociopolíticos y no entienden de tendencias. La Sagrada Familia va a estar ahí creciendo 'ad infinitum', continuando su propio 'procés'. La ciudad debería dar un paso al frente y tomar la iniciativa en todo aquello que está por venir en el urbanismo de la ciudad, especialmente en operaciones de este calado”.
La Sagrada Familia parece que quiere seguir fagocitando la ciudad y su urbanismo, como la lejana polémica del AVE, cuando los constructores del templo anteponían sus intereses privados al bien colectivo al oponerse que por el subsuelo del templo (léase calle Mallorca) pudiesen circular los trenes que podrían hacer vibrar las estructuras del templo, una gran falacia desmontada con el tiempo. Por suerte la ciudad no cedió a semejante chantaje anteponiendo una infraestructura vital para la ciudad por delante de unos intereses privados.

Imagen de protesta del templo contra el AVE , pidiendo su trazado por el litoral de la Ciudad
En la conversación que tuve el placer de asistir, enclavada en la fantástica exposición comisionada por el MNAC de Barcelona y el Musée d’Orsay de París, titulada: “Gaudí foc i cendres” curada por Juan José Lahuerta, catedrático de la cátedra Gaudí en la UPF, e impartida por las arquitectas y urbanistas: Marta Rubert de Ventós y Carme Pinós, se contextualizó perfectamente la figura de Antoni Gaudí dentro de la Barcelona revolucionaria y violenta de principios del siglo XX. Y su significación siempre al lado del poder, tanto económico como de la iglesia. En la actualidad, la ciudad de Barcelona, concede a Gaudí el gran nombre del paquete turístico, Gaudí es el pilar de venta turístico de la ciudad, tanto como producto por si mismo de imagen y de marca. Pero se debe empezar a entender el turismo como una oportunidad, pero no para vender el alma de la ciudad, como bien esgrimía Carme Pinós durante la conferencia. La arquitecta señalaba el mercado de la Boqueria como claro ejemplo de venta del alma por un desmesurado interés turístico. Pinós es bien conocedora de esta problemática al ser ella la encargada de la remodelación urbanística de la Plaza Gardunya y el edificio de la nueva escuela Massana bien cercanos al mercado de la Boqueria.
Durante la conferencia también se analizaron diferentes edificios construidos por Antoni Gaudí que ya es imposible entenderlos como tales, al ser distorsionados todos sus elementos internos, tanto de recorrido como conceptuales, para albergar actividades museísticas que han pervertido por completo toda idea arquitectónica concebida por Gaudí en su momento que fueron creados.
La basílica de la Sagrada Familia ya es el punto más alto de la ciudad, la iglesia más alta del mundo. La torre de Cristo ya es una realidad, pero este faro que debería iluminar a la ciudad en todo su sentido espiritual, no hace más que emitir una luz engañosa, confusa, sobre hacia dónde debe dirigirse la ciudad. La resignificación de los barrios, muchos de ellos tensionados al extremo por el consumismo depredador turístico, hacen que la ciudad, en otra época ejemplo de reconstrucción y posicionamiento, empiece a estar desgastada, asfixiada, y esté cuestionada como un elemento de éxito constante, haciendo que las personas que configuramos la ciudad nos sintamos un poco más alejados de ella, de sus calles, de sus plazas, de sus comercios…en fin de lo que siempre ha sido Barcelona.
Una ciudad que quizás empieza a añorar el momento preolímpico, cuando todo era mucho menos estético, pero mucho más real.
Protestas vecinales contra la sobreexplotación del territorio
Anexo:
Varios artistas y arquitectos han reflexionado sobre el actual proceso que está llevando la Sagrada Familia, me gustaría destacar un par de propuestas: una de la arquitecta y urbanista Beth Galí que proponía, debido a la polémica del trazado del TGV usar la basílica como futura estación intermodal de dicho tren en sustitución de la Sagrera.

Junto los renders Galí añadía una reflexión que terminaba así:

o los Artistas Lidia Górriz y Jordi Dalmau, profesores míos durante mi carrera en BBAA, que directamente en su proyecto presentado en 2001 bajo el título de "Begin de Beguine" literalmente proponían dinamitarla, quizás recuperando aquella viaja añoranza de George Orwell






















