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El Pabellón alemán de la Exposición Internacional de Barcelona, 1929.


Barcelona se ha ido construyendo a base de grandes acontecimientos, en términos urbanísticos es una realidad irrefutable. La ciudad guardaba un grato recuerdo de la primera Exposición Internacional que se había celebrado en 1888 y que había permitido urbanizar y dotar a la ciudad de equipamientos e infraestructuras en la zona de la Ciutadella, dejando atrás sus usos militares para pasar a ser un gran espacio totalmente abandonado para la ciudad. La primera Exposición Internacional recuperó todo ese gran espacio yermo para la ciudad. Tal fue el impacto que esa Exposición Universal tubo en la ciudad, que rápidamente la ciudad se propuso organizar otra. Se empezó a hablar de esta idea en 1905, auspiciada por el arquitecto y también político Puig i Cadafalch, pero por diferentes motivos, como la primera Guerra Mundial de 1914, o el golpe de estado del general Primo de Rivera en 1923 hizo que este acontecimiento se tuviera que ir posponiendo por la lógica de la gravedad de estos hechos que iban aconteciendo en el mundo. Así fue, hasta que finalmente la ciudad se puso la fecha de 1929 para organizar esta segunda Exposición Universal (en aquel momento conocidas como Exposiciones Internacionales) que iba a reorganizar la ciudad y podría de este modo, continuar con la expansión urbana. El primer sitio que se pensó para este acontecimiento fue en la zona del Besós, pero esta zona de la ciudad tuvo que esperar un largo trayecto, hasta que finalmente le llegara su oportunidad de desarrollo en 2004 a través del Fórum Universal de las Culturas.


De esta manera, después de sopesar varias posibles localizaciones, se decidió por Montjüic y de esta manera desarrollar la plaza España. No entraremos en profundizar en los pormenores de la organización de la feria y los muchos cambios que esta sufrió, en el post de las Torres Venecianas se explicará más detalladamente todo este arduo proceso, ya que las Torres sí que están inmiscuidas en los cambios estructurales, arquitectónicos y políticos en que fue derivando el proyecto de la organización de esta Exposición Universal desde su origen como idea hasta su realización final.


Alemania o la República de Weimar, como era nombrada en aquel momento, estaba sumida en un profundo momento de cambio después de su derrota en la primera Guerra Mundial. Era un momento convulso, donde los vientos soplantes ya hacían presagiar una gran tormenta en el horizonte (la entrada del nacionalsocialismo en el poder) que iba a cambiarlo todo en un corto plazo.


En un principio, la República de Weimar, muestra ningún interés por exponer ni participar en la Exposición Universal que se iba a desarrollar en Barcelona, pero finalmente cambia de idea y con un solo año de anticipación deciden no solamente participar en la Exposición, sino que iban a traer la mayor delegación de productos con unas necesidades de espacio de casi 16.000 m2. Este cambio de actitud se debe a que las autoridades de la República de Weimar encuentran en este acontecimiento universal, la posibilidad de exportar sus materiales a Iberoamérica, por la vinculación que estos países tienen con España. Encargan a Mies van der Rohe y a su compañera Lilly Reich la construcción de un pabellón protocolario, además de llevar acabado todo el diseño de la exposición de productos manufacturados exhibidos en otros pabellones. Mies delega en Reich todo el proyecto expositivo centrándose él más en la construcción del pabellón protocolario.


Alemania después de la 1ª Guerra Mundial quiere dar otra imagen al mundo. Una imagen simbólica de progresismo, prosperidad y espíritu pacifista de la nueva República de Weimar, una imagen perdida durante la primera Guerra Mundial.  La idea de libertad, progreso y vanguardia cultural eran los principales ejes que querían transmitir, separándose del extinguido Imperio Prusiano. Para llevar a cabo esta tarea Reich diseña unos expositores, tipografía, iluminación idéntica para todos los proyectos relacionados con Alemania, no importa si se trataba de una turbina de un avión o de un diminuto producto químico, todo iba a ser tratado bajo el mismo concepto del diseño, era tan importante el Qué se enseñaba como el Cómo. Esta idea de unificación de diseño era revolucionaria para ese momento de la historia.


Foto que muestra la exhibición de los productos alemanes durante el evento.


Así la pareja de arquitectos se encontró con apenas un año para poder diseñar todo el concepto expositivo, así como la edificación de pabellón protocolario que serviría para que el rey de España Alfonso XIII firmara en el libro de honor de los visitantes al pabellón.


Fotos de la inauguración de 1929, donde se puede apreciar al propio Mies con Alfonso XIII.



Apremiados por el escasísimo tiempo de construcción Mies y Reich se trasladan a Barcelona para encontrar la ubicación adecuada. La organización debido a que iba a ser la delegación expositiva más importante de toda la feria, por detrás lógicamente de España, les da un lugar privilegiado en el eje principal entre las torres venecianas, entrada de la feria y el pabellón exposición de arte de España, actual MNAC, que iba a presidir desde lo alto su presencia imponente ante la avenida principal donde se iba a desarrollar el evento. Mies van de Rohe hace algo sencillamente inteligente y es que renuncia a estar en la principal avenida, donde los edificios son todos de un estilo noucentista, neoclásico y barroco y aleja su pabellón de la influencia de estos estilos situándolo alejado, desplazado de este eje. Es un gran acierto porque su edificio estaba concebido en un estilo totalmente diferente al que imperaba en los principales pabellones, iba a quedar totalmente deslucido y no se iba a poder sentir en la manera que él quería.


Mies sabía que uno de los puntos que iban a concertar más atención de la exposición iba a ser el pueblo español y decide retirar su pabellón y colocarlo verticalmente a este eje de acceso desde la fuente luminosa que iba a centrar otro punto de interés general hasta el pueblo español. Es por tanto su ubicación el primer gran acierto, el ceder el protagonismo a otros edificios neoclásicos y mostrarse retirado y acercar su pabellón a la naturaleza.


Otro gran acierto, fue la colocación del pabellón sobre un pedestal elevado. Las esculturas o edificios públicos cambian cuando los encontramos elevados del suelo, como los templos clásicos que se encuentran elevados desde un frontón.  La visión que nos proporcionan es diferente, nuestro acercamiento cognitivo es diferente al ver un edificio o una escultura sobre un pedestal. Es pues otro de los grandes aciertos del arquitecto colocar su edificio elevado, negándonos la entrada directa, al colocar las escaleras de acceso en un lateral. Mies está jugando con nuestras sensaciones obligándonos, aunque siempre aparecerá como sugerido y no obligado, a hacer el recorrido por el que él quiere llevarnos.


Las prisas de la construcción hacen que Mies adopte técnicas constructivas que los obreros y mano de obra locales conocían como la pavimentación y elevación del atrio en una base de vueltas catalanas. El edificio está sobre un plinto de travertino. Mies tiene 44 años cuando realiza este pabellón, está en su plenitud creativa.



Fotos del proceso constructivo, se puede ver al propio Mies supervisando el proceso constructivo.


Mies es también un gran conocedor de los maritales asociados con los mármoles, porque desde bien pequeño acompaña a su padre que era comerciante de mármoles por todas las canteras. Para el pabellón se decidió por 4 tipos de mármol: el Travertino, utilizado por la arquitectura clásica romana que proviene de la cantera de Tívoli en Roma. El verde de los Alpes procedente de la cantera del valle de Aosta, el Verde de Tinos, procedente de la isla del mismo nombre, Tinos y el ónice dorado africano del Atlas, un material sumamente costoso que se encuentra en un almacén de Hamburgo y que iba a ser destinado para la fabricación de jarros para un trasatlántico de gran lujo. Es sobre estos 4 mármoles y sobre 4 tipos de vidrio, por los que Mies organiza y sustenta todo el proyecto del Pabellón alemán para la Exposición Universal de 1929.

El arquitecto organiza la entrada, por un lado, por un pasillo que acerca al patio central ocupado por un estanque rectangular, con un fondo de piedras de rio. En la esquina hay una sala de servicios. Un esquemático banco revestido del mismo material de mármol travertino romano clásico hace de nexo de unión.


El techo de hormigón armado, le confiere una ligereza de voladizo. Todo construido sobre un pódium en un continuo diálogo con el ambiente exterior.  La idea de trasparencia y fluidez son la base del significado de la obra, racionalista y sensual.


La rítmica del espacio es obtenida por la repetición modular de los esbeltos pilares cruciformes, confiriendo fluidez y dejando planos libres.  Una sutil influencia de la arquitectura japonesa, donde se persigue una libertad espacial e integración con la naturaleza. Solo simetría horizontal, el espacio se difumina por entero.

El interior es minimalista. Solo 8 pilares cruciformes formados de acero cromado sostienen toda la estructura. Los tornillos muestran aquello que ocurre en el interior. Los muros de mármol, como las láminas de vidrio son simplemente ornamentales porque no soportan ninguna carga estructural. Los pilares son muy delgados, casi aéreos, es un espacio ceremonial.



Elementos estructurales.



El mármol que recubre las paredes no está sobre una pared de ladrillo, enganchado con cemento, sino sobre unas placas de hierro muy innovadoras que hacían muy fácil poder desmontarse, pudiéndose vender las piezas y recuperando la inversión. Pues el pabellón, como casi todas las construcciones hechas para este tipo de eventos solo debían permanecer en pie los 6 meses que duraba el evento y después debía ser desmontado. Al poder desmontarse sin dañar los mármoles facilitaba que ninguno se rompiera y no perder valor.


Mármoles utilizados para la construcción.



Proceso constructivo.


El gran espacio interior se organiza sobre la influencia del ónice dorado. Las cualidades táctiles de los materiales quedan demostradas. Son los materiales los que dan identidad al conjunto. No representa Alemania de manera burda o fácil sino a través de elementos abstractos. Es en este espacio interior, el más íntimo del pabellón donde una cortina de seda roja es el único elemento que nos barra la mirada. Frente a esta sitúa una alfombra de color negro, que junto al ónice forman los colores de la bandera alemana. Al ser interpelado por la no presencia de elementos alemanes que pudiesen distinguirse en el pabellón Mies contestó con uno de sus famosos aforismos “Dios está en los detalles”. Con esta sentencia Mies nos está indicando que los detalles están ocultos a una mirada simplemente superficial.

Es en este interior, el único punto que encontramos mobiliario creado ex proceso para el uso que iba a tener el pabellón, la firma protocolaria de rey Alfonso XIII. Para este momento solemne la pareja Reich /Mies diseña la después multipremiada, y archiconocida:  La silla de Barcelona, tiene un origen en la CURULIS de la antigua Etruria. Usada por los romanos. Diseñan una forma ergonómica de acero inoxidable, con un marco único, recubierta de piel de cabrito blanco, con 40 cuadrados, cosida a mano. De los modelos más imitados y vendidos en el diseño mundial.




Llegamos al segundo patio impulsado por la presencia y búsqueda de la luz. Seguimos siendo guiados por el recorrido que Mies nos sugiere.  Este espacio es un lugar cerrado por 3 paredes que nos barran la mirada expandida, pero al carecer de techo la vegetación exterior se hace presente dentro del espacio. Las paredes están revestidas por mármol de Tinos. Encontramos una lámina de agua poco profunda que actúa a modo de espejo. De uno de los laterales de este pequeño estanque emerge la estatua de bronce Der Morgen del escultor alemán Kolbe. La escultura recibe directamente la luz del sol, cegándola, obligándola a adoptar una pose de protección de los rayos de luz que la mañana proyectan en su rostro. Es una escultura de inspiración clásica.

La escultura original estaba junto a otra figura masculina que simbolizaba la noche. Mies ve estas esculturas en una exposición en Alemania y rápidamente las adquiere para el pabellón. Es un gran contraste porque las esculturas sí parecen estar diametralmente opuestas artísticamente al representar el arte clásico, en contraposición con la rabiosa modernidad que Mies quiere dar a su pabellón. El Agua ejerce el efecto multiplicador de la imagen. Un oasis secreto y relajante, un dialogo entre interior-exterior. Saliendo del patio trasero ya si podemos adivinar la conexión con el pueblo español.






El pabellón se desmantela completamente después de la Exposición Universal, el crack del 29 hace muy difícil poder vender los mármoles in situ volviendo a Alemania.

El pabellón se construyó para la exposición y eso fue lo que duró. Sin embargo, las fotos, planos y el enorme impacto arquitectónico que ejerció hizo que se pusiera en la mesa de los urbanistas barceloneses recuperar esta auténtica joya y volver a reconstruirla. Se le propone la idea a Mies, ya muy mayor, que se muestra encantado con ella, aunque muere poco después en 1969.  Pero es hasta años después, conmemorando el centenario del nacimiento de Mies, cuando en 1986 se reconstruye siguiendo exhaustivamente al original. La concepción del espacio y la riqueza de los materiales, siendo estos algo más que una simple abstracción, ya que poseen unas cualidades táctiles. La pérdida de todos los materiales originales hace que la búsqueda en las canteras sea una auténtica labor de investigación, por ejemplo, el Ónice dore se busca por canteras de más de 12 países, hasta que finalmente se encuentra uno muy parecido al original en una cantera de Argelia.




La reconstrucción es idea de Bohigas, urbanista municipal, que decide recuperar también el pabellón del arquitecto Sert de la República Española. Bohigas encargó a los arquitectos Sola-Morales y Cirici la reconstrucción fidedigna, debido a gran material gráfico que existía del original hizo que se pudiese completar con un rotundo éxito.



Fotos del proceso de reconstrucción.



Momento de la reinauguración con la hija de Mies Georgia, el alcalde la ciudad Pascual Maragall y el presidente de la Generalitat Jordi Pujol. Portada de la Vanguardia de ese día.


Llegados a este punto, encuentro absolutamente necesario hacer unos apuntes biográficos de Mies Van de Rohe y de la coautora Lilly Reich, ya entre ellos existía una osmosis creativa que se materializaron en todos estos proyectos.

Lilly Reich empieza su andadura como costurera, para pasar a trabajar después con Joseph Hoffmann el mejor arquitecto austriaco.  Reich desarrolla la labor de dibujante y proyectista de interiores. Consigue ser la 1º mujer elegida en un consejo director de Alemania en 1920, concretamente en el Deurgcher Werkbund (Federación alemana del trabajo). Pasa a convertirse en una influyente y reconocida diseñadora y arquitecta. En 1925 coincide con Mies en una exposición y se crea una colaboración profesional y sentimental que empieza en 1926 hasta 1938.

Por su parte, Mies conoce al arquitecto Gropius de joven en el despacho de Behrens, ambos trabajan allí, desarrollando sus primeros diseños. En 1914 con el estallido de la primera guerra mundial, Mies es obligado a enrolarse a filas. En 1918 con la conclusión de la guerra regresa a un mundo que ha cambiado, el mundo que él había conocido antes de la guerra ha desaparecido por completo. Es un periodo de agitación y efervescencia, donde surgen los grupos de vanguardia. La vuelta al mundo real no es fácil para Mies, atormentado por el paréntesis que le ha supuesto la guerra. En 1921 deja a su mujer y a sus hijas. Se cambia el nombre de Ludwing Mies por Mies Van der Rohe. Adopta el Van der Rohe de la parte holandesa donde él está muy unido por su nacimiento en Aquisgrán.

La derrota alemana en la guerra genera un aire de desmoralización en la sociedad donde se mueven las utopías expresionistas. En 1919 Gropius funda la escuela Bauhaus, una búsqueda de una arquitectura más objetiva y racionalista. Muchos artistas influyen en esta escuela, como Van Dosburg con su cuadro “Ritmos baile ruso”, el neoplasticismo, también Mondrian y los constructivistas rusos encabezados por El Lipsinky.

 En 1925 Hitler escribe “Mi lucha” (Mein Kampf). Las luchas entre los comunistas y los nazis son cada vez más severas, creando un clima insostenible e irrespirable. Los nazis no consideran este tipo de arquitectura alemana, se están gestando los vientos de la tormenta perfecta que no iba solo a asolar Europa, sino que iba a arrasar al mundo como se conocía hasta ese momento.

Lilly Reich se muda al estudio de Mies para vivir y trabajar con él. Realizan varias exposiciones y proyectos juntos. Muchos de estos proyectos son la creación de mobiliario, primero atribuidos a Mies, pero son diseñados por Reich. Curiosamente desde que Mies se separa de ella, él no vuelve a desarrollar ningún proyecto de interiorismo. Interesante, ¿no?

En 1929 se les encarga la construcción del Pabellón Alemán para la Exposición Universal de Barcelona, motivo de este artículo. Es un punto culmen para la pareja. Aunque el Crack 29 trae graves consecuencias para el mundo. Como ejemplo en España, la peseta colapsa provocando el fin de la dictadura de Primo de Rivera y la huida del rey Alfonso XIII, estableciéndose la República.  Mies se queda sin encargos, acepta impartir clases en la Bauhaus de Dessau también, Lilly Reich acepta dedicarse a la docencia debido a la carestía de proyectos. En 1932 la Bauhaus se traslada a Berlín, donde continúan impartiendo clases hasta 1933, momento que la Bauhaus es cerrada por los nazis con la llegada de Hitler al poder.   





Mies primero intenta llevarse bien con el nuevo régimen, pues no estaba claro hacia qué lado iban los nazis. Mies desde la revisión histórica se muestra como un oportunista. Goobles, ministro de propaganda nazi, quería acoger al expresionismo dentro del imaginario del régimen nazi como Mussolini había hecho con el futurismo. Pero es completamente rechazado por el resto del poder nazi. Mies y Reich se van un año a la ciudad suiza de Lugano donde apenas malviven de sus patentes.

 En 1934, Mies presenta un proyecto para la exposición universal de 1935 en Bruselas donde introduce elementos de simetría que pueden ser más fáciles aceptados por los nazis, pero estos no lo aceptan.



Mies firma también un manifiesto, junto más artistas a favor de Hitler, donde también está el escultor Kolbe. Pero los nazis no aceptan a Mies a diferencia de Kolbe que sí que se convierte en un artista planamente admirado por los nacionalsocialistas.

En la Exposición Universal de París es muy significativo el pabellón alemán proyectado por el arquitecto nazi Albert Speer enfrente del de Rusia, el contraste entre los dos, era toda una declaración…aquellos vientos de tormenta ya soplaban fuertes.

España presentó el pabellón de la República, el legítimo gobierno en aquel momento, pero ya en plena guerra civil española. El arquitecto escogido fue el admirado Sert. El interior de pabellón acogió obras que el paso del tiempo las ha situado en el lugar que les corresponde en la historia del arte. Fue para este pabellón donde se concibió para ser expuesto el Guernica de Picasso o la fuente de mercurio de Calder.



Foto del pabellón de la República diseñado por Sert donde se presencia el Guernica y la fuente de mercurio.


En 1937 los nazis organizan una exposición de lo que ellos tachan “arte degenerado”, Mies es obligado a exiliarse antes de que la Gestapo vaya a por él para detenerlo y acusarlo de artista degenerado. Para Kolbe la suerte es bien distinta, pues es escogido para realizar un busto de Franco, actualmente en el museo kolbe de Alemania, busto que se crea con la intención de regalar Hitler para su cumpleaños.

 Mies es obligado a exiliarse en 1938 a USA. Apenas dominará el inglés, se sentía muy germánico, se rodea de otros compatriotas también exiliados. Para sus futuros proyectos rompe su relación con Kolbe cambiándolo por el escultor francés Aristides Maillol.


 En 1939 Reich también se va a USA. Pero se dice que Mies hace poco para que ella se quede más tiempo en USA.  Reich vuelve a Berlín y nunca más vuelve a ver a Mies. Este conoce a Nora en USA, se enamora y comparte su vida hasta la muerte de este en 1969.  Reich vuelve a Berlín al cuidado del despacho de Mies que había dejado al huir, clasifica todos los dibujos, planos proyectos etc. Sus muebles eran continuamente copiados-  donde defiende sus derechos de autor. Ayuda a la primera mujer de Mies y a sus tres hijas que el arquitecto había abandonado con anterioridad, que también vivían en Berlín y no recibían la ayuda del arquitecto por los problemas del momento.

Gracias a Reich se salvan más de 4.000 dibujos que ahora forman parte del archivo Mies en el MOMA de NY. Porque fue ella la que se llevó todos estos documentos fuera de Berlín, huyendo de los bombarderos, hasta ocultarlos en una granja. En 1943 es arrestada por los nazis y llevada a un campo de concentración, donde está recluida hasta ser liberada al final de la guerra en 1945. Esto empeora gravemente su salud. Un tumor se lleva a Reich dos años después en 1947.


Lilly Reich es sin duda alguna la socia creativa perfecta de Mies, ambos crearon años atrás la Glass Room, proyecto precedente de toda la arquitectura que Mies desarrollara durante toda su vida. En auténtica ruptura arquitectónica, un concepto impensable hasta ese momento.

 Ha Mies también se le atribuyen frases icónicas como: “Menos es más”, aunque el siempre defendió que esta frase que él decía que no era de él, sino que él se lo oía a Peter Behrens. Mies sostenía que “la arquitectura debe ser casi nada”.


Less is more (menos, es más).  Este aforismo se podría aplicar perfectamente a día de hoy a la arquitecta Lilly Reich “quien un día fue menos quizás pueda ser más”.



El Pabellón alemán de la Exposición Internacional de Barcelona es considerado por algunos el edificio más importante e influyente del s. XX. Pequeño, minúsculo, efímero, pero con la fuerza de cambiar nuestra capacidad del espacio arquitectónico. 





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