top of page
Buscar
  • carpegom

Diálogos en el Espacio Público: Street Art en Kreuzberg, Berlín.

Actualizado: 17 ago 2023




“We are faced with arrogant landlords who act as colonial governors and think they’re free to take murals off our walls,” Blu wrote. “The only thing left to do is making these paintings disappear, to snatch them from those claws, to make hoarding impossible.”

“Nos enfrentamos a terratenientes arrogantes que actúan como gobernadores coloniales y se creen libres de quitar los murales de nuestras paredes”, escribió Blu. “Lo único que queda por hacer es hacer desaparecer estos cuadros, arrebatárselos de esas garras, hacer imposible el acaparamiento”



Los hechos fueron los siguientes: en una lluviosa y tranquila noche de un jueves 11 al viernes 12 de diciembre de 2014, los murales del artista italiano Blu, ubicados en el descampado de la Curvybrache en el barrio de Kreuzberg en Berlín, fueron cubiertos con pintura negra hasta desaparecer totalmente.


¿Quién pintó sobre los murales de Blu hasta eliminarlos? ¿Y por qué el mural más icónico de Berlín había sido borrado? Todo Berlín quedó conmocionado con la noticia y nadie sabía encontrar una explicación a lo sucedido.


La causa la debemos buscar en la fuerte especulación que estaban sometiendo los buitres especuladores inmobiliarios sobre las zonas desocupadas del barrio de Kreuzberg. El solar lo ocupada la Curvybrache, un lugar donde se organizaban conciertos de música, fiestas populares etc. La gente del barrio estaba luchando por los espacios culturales de la ciudad, decidiendo y apostando por qué modo de ciudad querían vivir. Después de un tiempo, se convirtió en un espacio de personas sin hogar, refugiados y vagabundos, llegando a vivir casi 150 personas sin techo.




El azar” hizo que el campamento se quemara poco antes que un inversionista, la seguridad y la policía limpiaran y cerraran el área. Hubo una lucha vecinal por la recuperación del área, ya que era el último punto de acceso libre para los berlineses a la ribera del rio Spree. Los grafitis no habían hecho más que contribuir a que miles de personas se acercaran a visitarlos a diario, formando parte indisoluble de la identidad y de la imagen cultural que proyectaba Berlín, como decía su popular alcalde en aquel momento Klaus Wowereit “una ciudad pobre pero sexy”.


Las primeras sospechas de la eliminación del grafiti recayeron sobre el promotor inmobiliario e inversor el Sr. Suesskind, pero estas dudas rápidamente quedaron disipadas, porque Suesskind es un señor de negocios no un estúpido y la desaparición de los grafitis disminuían el valor de plusvalía de los futuros inmuebles de lujo que iban a ser construidos frente a los grafitis. Más cuando el anuncio de la promoción inmobiliaria precisamente ponía en valor que los fututos pisos tendrían unas vistas privilegiadas a dos de los grafitis más icónicos de la ciudad. ¿Quién quiere destruir algo que aporta valor a su inversión?


La forma en que se habían ido borrando los grafitis, hasta ocultarse en una sola mancha negra, tenía un valor simbólico oculto y nos daban pistas. No habían sido eliminados de una manera azarosa, sino que su eliminación, paso a paso respondía a una estrategia planificada meticulosamente.


El grafiti original hacía referencia a dos personas con máscaras de gas (clara referencia a la guerra fría) que tratan de quitárselas el uno a otro, una señal de querer conocer al otro que se oculta debajo de esa máscara, mientras que con la mano formaban las letras “W” y "E", haciendo clara referencia a las dos Alemanias, la del Este (E) y la del Oeste (W).



Imagen del grafiti original



La obra fue eliminándose de forma planificada, dejando mensajes en cada elemento eliminado y en su orden. En primer lugar, se eliminó la figura de la izquierda, que movía sus dedos, hasta dejar solo uno a modo de peineta (algo así como “iros a tomar por culo”), mientras que la frase original de “reclama tu ciudad” se convirtió en “Tu ciudad”, en una clara e inequívoca alusión en lo que se estaba convirtiendo la ciudad, dejando atrás los años en que era el auténtico epicentro artístico del mundo, por sus alquileres baratos, la posibilidad de estudios a bajo precio y el estilo de vida altamente creativo y alternativo. La imagen final fue la total desaparición sobre una capa negra de pintura.



Grúas con operarios llegando al grafiti antes de su eliminación.


1 Fase de eliminación.


Fase de eliminación donde los dedos ya han desaparecido y solo queda el central a modo de peineta.


Grúas de eliminación.


Ya se ha eliminado la frase "reclama tu ciudad y solo se puede leer "Tu ciudad", mientras la peineta se hace más evidente.



Imagen final con el grafiti totalmente eliminado.




La obra había sido concebida por el artista italiano Blu en 2008, como un elemento simbólico que pudiera rescatar artísticamente al barrio Kreuzberg de su degradación. En cambio, en 2014 se estaba convirtiendo en un adorno de lujo dentro de la reestructuración residencial del barrio. Berlín estaba muy endeudado, pero era uno de los epicentros más creativos de Europa. Y políticos realmente inteligentes, sobre todo el alcalde, Klaus Wowereit “tuvo una gran idea”: vender todos los lugares de la ciudad de Berlín que no estaban en uso y deshacerse de todo lo que no generaba ningún beneficio. Las grandes empresas y las personas que están ganando mucho dinero casi han sido invitadas por la ciudad, con precios baratos, impuestos más bajos y, por supuesto, una ciudad representativa que es pobre y sexy, grande y creativa.

La gentrificación se hizo cada vez más agresiva. Los clubs nocturnos y bares cerraron, las instituciones artísticas y culturales(los escuadrones) comenzaron a desaparecer, los precios de los pisos se volvieron tan caros que las personas con pocos ingresos tuvieron que mudarse fuera del "anillo interior de Circle-Line (Ringbahn) hacia las afueras (lamentablemente esa gente eran estudiantes, artistas, músicos, todas las personas que hicieron de Berlín la ciudad que fue alguna vez), convirtiendo al barrio de Kreuzberg en un hito importante en todos los recorridos de arte callejero de la ciudad, pero ya no en su barrio, en el que ellos se pudiesen permitir vivir.


Grafiti de Blu alusivo del cambio de Berlín, de un muro físico a un muro económico.



El arte urbano es un modelo de creación con un propósito social de recuperación de zonas degradadas, y estaba jugando un papel en contra de los habitantes de dichas zonas. Los artistas con toda su buena intención quieren contribuir en positivo, pero las altas reglas del consumismo se apropian y fagocitan incluso lo que estaba creado en su contra, volviéndolo al final en otra mercancía que añade valor. Es altamente significativa la carta enviada a la página web del reconocido artista de arte urbano Banksy. Dice así:


No sé quiénes sois ni cuántos sois, pero os escribo para pediros que dejéis de pintar vuestras cosas donde vivimos. En particular xxx road en Hackney. Mi hermano y yo nacimos aquí y hemos vivido aquí toda nuestra vida, pero en estos días tantos yuppies y estudiantes se están mudando aquí que ninguno de nosotros puede permitirse comprar una casa donde crecimos. Sin duda, tus grafitis son parte de lo que hace que estos gilipollas piensen que nuestra área es genial. Obviamente no eres de por aquí y después de que hayas subido los precios de la vivienda probablemente sigas adelante. Haznos un favor a todos y ve a hacer tus cosas a otro lugar como Brixton. Firmada: Daniel"


Justamente eso es lo que paso en Berlín, y Blu no estaba dispuesto a formar parte del sistema especulativo y menos a costa de él, que encima realiza estas obras de manera altruista e ilegal.

Blu, encargó a parte de su equipo que pintaran de negro sus dos gigantescas piezas. Entre ellos se encontraba Lutz Henke, que había sido co-creador de los murales que ahora estaba haciendo desaparecer. Henke escribió un texto donde relata cómo y por qué tomaron esta decisión. Dice: “La gentrificación y zombificación de Berlín está en pleno apogeo” por la cual prefirieron destruir su arte. Relata que la noche de autos, algunos transeúntes enojados al ver las grúas y la cuadrilla de pintores pintando sobre el grafiti les gritaron enojados, mientras otros lloraban. “Es la primera vez en mi carrera como artista que alguien me abuchea” Henke zanjaba todas las especulaciones declarando. “Muchos asumieron que los promotores inmobiliarios habían acabado con su amado mural, y pocos se dieron cuenta de que las personas detrás de él fueron quienes lo crearon en primer lugar. Así que hemos decidido contar nuestra versión de la historia.

Siete años después de la aparición de las monumentales piezas de la pared, sentimos que era hora de que desaparecieran, junto con la era que se desvanecía en la historia de Berlín que representaban. La historia del mural está directamente ligada a la historia de este distrito de la ciudad.

Sin querer, habíamos creado una representación visual ideal del Berlín imaginario de los años 2000 y sus promesas: una ciudad llena de páramos que ofrece mucho espacio para una vida asequible y experimentación creativa entre las ruinas de su historia reciente.

Estas características se convirtieron en las principales atracciones y el mantra del recientemente fallecido alcalde Klaus Wowereit, el famoso Berlín "pobre pero sexy". Los murales ocuparon su lugar involuntario en esta realidad como un lugar de peregrinaje de visitas guiadas de arte callejero, como una oportunidad fotográfica para innumerables tarjetas de felicitación, portadas de libros y carátulas de discos. La ciudad empezó a utilizar la estética de la resistencia para sus campañas de marketing.

Pero para entonces el barrio ya se encontraba en medio de la gentrificación, con feroces protestas contra el aumento de los alquileres.

La gentrificación en Berlín últimamente no se contenta con destruir espacios creativos. Debido a que necesita que su marca artística siga siendo atractiva, tiende a reanimar artificialmente la creatividad que ha desplazado, produciendo así una “ciudad de muertos vivientes”. Esta zombificación amenaza con convertir a Berlín en una ciudad museo de fachadas, la "escena artística" preservada como un parque de diversiones para aquellos que pueden pagar los alquileres en aumento.

Aun así, ¿por qué un artista estaría de acuerdo en destruir su propio trabajo en lugar de respaldar los intentos oficiales de preservarlo como una obra de arte pública? ¿Por desesperación? Claramente no. Más bien por tristeza. Desde el primer momento de su existencia, los murales de Blu estuvieron condenados a desaparecer. Es la naturaleza del arte callejero ocupar el espacio en celebración de su incertidumbre, siendo consciente de su temporalidad y existencia fugaz.

Sin embargo, para mí, el lavado blanco, bueno, en este caso negro, también significa un renacimiento: como una llamada de atención a la ciudad y sus habitantes, un recordatorio de la necesidad de preservar espacios de posibilidad asequibles y vivos, en lugar de producir taxidermias de muertos vivientes del arte. Destaca la función social de las intervenciones artísticas donde otras no logran avanzar”



Blu le sacó, literalmente hablando, el dedo corazón a modo de peineta a la ciudad de Berlín y a su nueva forma de ser. La desaparición del grafiti de Blu como metáfora del Berlín que está desapareciendo. El artista, definitivamente también se mantuvo fiel a lo que afirmó haber atraído en el año 2007, con esta obra de arte en particular: recuperó la ciudad. Hizo un movimiento contra la venta en Berlín y se protegió de ser un engranaje en la rueda de la gentrificación. E incluso cuando fue un mal movimiento como artista, fue un movimiento radical y bueno como activista.


Este hecho no vino sino a replantar el arte urbano y cómo los artistas estaban siendo absorbidos por el sistema de arte consumista de museos y galerías. Esta realidad ha generado unos debates interesantísimos sobre el concepto de autoría, y como el “mainstream” fagocita todo los que en un principio se sitúa fuera de su alcance, incluso pretende atacarle.


Las obras de Blu, como las de muchos artistas callejeros están siempre asociadas a un mensaje profundo. En concreto Blu realiza unas obras majestuosas, donde el concepto de mensaje directo es como si te estuviera “hablando en tu cara”. No deja indiferente a nadie que se pare a pensar un minuto en su mensaje. El artista interviene en todo el proceso creativo, siendo el concepto siempre el que se impone a la parte técnica de realización. Tanto es así que al destruir o retirar su obra, Blu está creando un mensaje más poderoso con un impacto de resonancia permanente. Subrayando la justicia tanto económica como social y ejemplificando un inquietante proceso de gentrificación que están sufriendo todos los núcleos urbanos históricos. Otra obra de Blu, titulada “Calentamiento Global (reloj de arena)” creada en la ciudad de Los Ángeles, era otra notable obra del artista que representaba un reloj de arena con hielo derritiéndose en la parte superior, sobre una ciudad pintada en la parte inferior. El mural fue destruido para poner un anuncio de una película de Hollywwod, pero esto no creo el más mínimo alboroto, como el causado por la obra de Kreuzberg, aunque se había reemplazado una increíble obra de arte por un simple y mundano anuncio de la industria cinematográfica.

Otra obra magnífica de Blu en Berlín es la llamada Backjump, creada en 2007, un trabajo que representa cuerpos humanos interconectados formando todos ellos una figura gigante formada por todos ellos, pero que a su vez parece engullirlos. Esta figura carece de ojos, quizás una clara referencia del artista hacia la ceguera y la falta de conciencia de nuestra sociedad.


Obra de Blu titulada "Backjump", también en Berlín.



Las calles de Berlín, esa ciudad a medio hacer, paradigma contemporáneo de la sociedad posmoderna, ha sido un territorio tumultuoso en una ciudad que estaba toda por hacer. Donde la injusticia social y el capitalismo global estaban librando sus primeras batallas por el centro de la ciudad.

Ante la premisa que el arte urbano se estaba convirtiendo en si mismo en un agente gentrificador hizo que Blu y muchos otros artistas a replantearse toda su obra ya realizada. Algunas obras fueron reemplazadas por otros murales acríticos, simplemente embellecedores, porque solo se quiere aprovechar su efecto decorativo, pero desposeerlos de su fuerza crítica de escupir directamente a la cara de cada transeúnte en medio de la ciudad consignas incomodas para el poder establecido, ya sea político o consumista, o ambos dos, pues el binomio ya parece indisoluble.

La historia de nuestras ciudades contemporáneas se escribe también sobre sus fachadas, que actúan como lienzos improvisados que nos relata la urbe que ocupamos, sus anhelos y miserias. Los que permanece y se borra, lo que se conserva entre los oropeles de un museo o lo que se olvida. Todas estas trazas son las que nos permiten acotar y entender la ciudad que cambia a cada instante.

Es significativo centramos en un caso ocurrido en Madrid, donde un mural de Blu mutó a otro del artista Okuda San Miguel, un pintor y diseñador español. Se trata del mural del edificio situado en la esquina de la Av. Manzanares con Eugenio Caxes, en la zona de Madrid rio. Las diferencias entre lo que existía, el mural de Blu y el actual son más que evidentes y altamente clarificadoras.

El de Blu pretendía ser una crítica mordaz a la voracidad turbocapitalista. En su mural, un círculo conformado por seis señores calvos se roban la cartera en un círculo hasta el infinito. La de Okuda, en cambio, es una propuesta acrítica, en la que lo estético arrolla cualquier atisbo reivindicativo y en la que, para más inri, asoma una campaña publicitaria de Zalando en la parte inferior del mural, con Hastag incluido. Dos caras, una menos amable y otra un tanto acomodadita, entre la institución y el arte urbano. Una relación cuyas fronteras son más difusas de lo que a priori cabría pensar.



Obra original de Blu en Madrid.


Borrado de la obra original de Blu en Madrid.


Sustitución de la obra de Blu por la del artista español Okuda san Miguel.


Vista de la obra de Okuda San Miguel en zona de Madrid rio, donde antes existía la obra de Blu.



"No existe una perfecta delimitación entre lo que es un arte urbano ilegal, reivindicativo, anticapitalista, etc., y lo que podría ser un 'muralismo institucional'", apunta Luis Menor, experto en arte urbano y políticas públicas. La obra de Blu encarna un modelo contrario a lo reglado, pero no sólo por lo que dice, sino por el lugar que escoge para decirlo.

El hecho de intervenir en espacios abandonados o imprevistos forma parte de un determinado discurso que el arte urbano institucional se encarga de blanquear. "El sistema necesita el arte urbano porque se ha dado cuenta de que es algo chic, algo que además es muy vendible y que le confiere esa pátina de modernez y canallismo", explica Menor. Lo que nos conduce a la consabida paradoja, a saber; que el arte urbano es un potente agente gentrificador, por muy crítico y subversivo que sea su mensaje, siempre termina revalorizando el espacio en el que interviene.

Lamentablemente este no es un caso aislado en nuestra geografía. Barcelona debe lamentarse de haber perdido el paso a esa vanguardia. La ciudad condal es un caso paradigmático de esplendor perdido en materia de arte urbano. A finales de los años 90 la capital catalana podía presumir de ser uno de los principales focos mundiales de arte callejero, pero las fuertes restricciones en esta materia la han sumido en una suerte de lenta decadencia. "En el año 2004, coincidiendo con el Fórum Universal de las Culturas, Barcelona restringió y controló todo lo que ocurría en el espacio público de una manera no articulada institucionalmente, se generó una de las normativas municipales más duras de Europa y lo que era una escena fértil empezó a morir lentamente", lamenta Menor.

Barcelona tenía un Blu, el artista ejecutó un gigantesco tiburón formado por una acumulación de billetes en el barrio del Carmel, como denuncia de la especulación financiera. Esta obra fue borrada años después de su aparición hasta hacerla desaparecer.


Obra del Tiburón de Blu en el barrio del Carmel, Barcelona.


Borrado de la obra de Blu por agentes municipales.



Pero los vecinos del Carmel, junto a varias entidades públicas, han pedido al artista que vuelva a considerar la idea de pintar una nueva obra en el espacio donde anteriormente se encontraba el antiguo tiburón, salvo que esta vez no será ilegal ya que viene auspiciado por asociaciones del distrito. Todo el barrio vive con expectación la nueva producción del artista, donde los vecinos se han descrito y radiografiado a sí mismos bajo el lema “El Carmel mossega” en clara referencia a la anterior obra del artista. Los vecinos han pedido al artista que su nueva obra recoja la lucha vecinal constante, la solidaridad, así como la nueva inmigración, rasgos identitarios del barrio y y Blu ha accedido a volver a pintar una obra en el mismo lugar. Todo ese material se le hizo llegar al artista para que lo interpretara a su manera. El trabajo se empezó el 28 de nov de 2023 y ha sido inaugurado de manera oficial con una fiesta popular el 29 de enero de 2023.

Pero parece que años después todo ha cambiado y el tiburón capitalista va camino de ser engullido por otro tiburón más grande, que es el armamentístico y destructivo de la guerra, aunque también altamente rentable, en una destrucción y fagocitación continua. Pero ninguno de los dos tiburones ve llegar a otro pez, representado esta vez por una orca, que a modo de planeta va a engullirnos a todos, a nuestra sociedad que está destrozando todo por su propia avaricia.


Imágenes del nuevo grafiti de Blu en el Barrio del Carmel. Inaugurado en enero 2023.


Pero donde se está librando una auténtica batalla y una polémica sin precedentes es en Italia, país natal de Blu y más concretamente su ciudad, Bolonia. Los célebres murales que el artista había pintado en su ciudad durante más de 20 años y le habían reportado su actual fama internacional están siendo borrados por el propio artista. Lo que empezó en Berlín ha hecho reflexionar profundamente al artista, que está replanteando totalmente sus trabajos. La gota que colmó el vaso, fue cuando la poderosa institución Genus Bonoiae, apoyada por una fundación bancaria, inauguró en el Palacio Pepoli una gran exposición sobre el arte urbano, incluyendo algunas obras que han sido literalmente arrancadas de las paredes de Bolonia, con la justificación de que debían ser salvaguardadas de una eventual demolición, en algunos casos sin permiso del artista. Blu estalló en cólera al ver su arte arrancado, exclamando «¡¡El museo no me tendrá!!», ésta es la respuesta clamorosa de Blu, que encendió de nuevo la batalla entre los artistas callejeros y el sistema cultural oficial. El propio artista publicó en su portal de internet fotografías en la que se veía a sus colaboradores arrancando los grafitis, y cubriendo las paredes con pintura gris.



Borrado por parte del artista de grafitis en Bolonia.



El Centro para el Estudio de la Moda y de la Producción cultural de la Universidad Católica de Milán estima que la recalificación de algunos barrios con obras de arte urbano hace aumentar el valor de los pisos en al menos un 20 por 100%. Y en algunos anuncios inmobiliarios comienza a destacarse esta frase: «Con vista Street Art». Ciertamente, depende también de la cotización de los artistas. Según Collier International Italia, algunas propiedades inmobiliarias en Bristol y en Londres con alguna obra de Bansky han aumentado su valor en decenas de miles de libras esterlinas. Los museos y centros de arte e incluso las fundaciones bancarias están haciendo acopio de este arte, pero en muchos casos sin contar tan siquiera con los propios artistas. Y cuando han contado no siempre ha sido bien recibido por los organizadores como el mural que realizó Blu en 2010 para el MOCA, en Los Ángeles, que fue censurado y borrado por la organización al considerarlo ofensivo, ya que la obra consistía en ataúdes cubiertos de billetes de Dólar frente al Hospital de veteranos de guerra.


Grafiti de Blu en Los Ángeles. Encargo de Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles.


Eliminación del grafiti en Los Ángeles al ser censurado por su promotor el MOCA.


En 2014 otro mural de Blu, en las paredes de la zona de San Basilio, a las afueras de la capital italiana, fue censurado por las autoridades romanas, al considerarlo un ataque contra la policía.


Grafiti de Blu censurado en Roma.



El arte urbano debe ser crítico y punzante, en miras de conseguir una mejor ciudad, más justa y social. Porque se nutre de las mismas calles, de las tripas, de los problemas de la gente, es local. Cada ciudad tiene unas coyunturas diferentes.

Con la globalización, las ciudades se están homogeneizando. Los poderes fácticos las hacen iguales, una homogenización impuesta por el mercado consumista más desenfrenado y pornográfico. La ciudad debe ser alternativa o al menos diferente al resto, porque cada ciudad debe ahondar en su singularidad. Aunque puedan existir problemas comunes, las soluciones a veces no los son. Y el arte urbano siempre debe estar vigilante para mostrarnos las alteraciones y hacernos reaccionar. El arte que nunca debe ser cómodo, en contra del arte urbano actual, que parece buscar más el postureo para post de "influencers" dentro de una foto colorista, que no ser una auténtica puñalada punzante al centro de nuestra conciencia colectiva.




269 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Comentários


bottom of page