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Diálogos en el Espacio Público: Monumento a las víctimas judías del Holocausto. Mitte, Berlín 2005.



Berlín es una urbe que se mueve entre los vestigios y cicatrices del pasado confrontados a una arquitectura ultra-moderna, en sinfín de contrastes visualmente muy potentes y portadores de un relato histórico que la convierten en una urbe única y excepcional. La línea temporal está continuamente fragmentada por toda la ciudad, es disruptiva. Saltar entre la historia, la arquitectura y arte urbano más puntero es una constante. Cada paso que damos en ella nos puede transportar al pasado o nos conduce al más efervescente momento presente.

El Monumento a las víctimas judías del holocausto es sin duda un buen ejemplo de esta disrupción de temporalidad. Situado en un extenso terreno en el centro histórico de la ciudad, está limitado por las calles Ebertstrabe, Behrenstrabe, Cora Berliner Strasse y Hannah Arendt Strabe, entre la estación Potsdamer Platz, a pocos metros del edificio del Parlamento Alemán y de la mítica Puerta de Brandeburgo. Un lugar destinado a la Historia.

A finales del siglo XVIII el terreno donde se levanta el Monumento al Holocausto formó parte de los jardines Ministeriales, rodeado por mansiones aristocráticas de estilo barroco sobre Wilhelmstrasse, que después de 1850 fueron convertidas en edificios ministeriales. Durante la época nazi, en este terreno se ubicaba la vivienda del ministro de propaganda Joseph Goebbels, y en un extremo se hallaba la cancillería de Hitler diseñada en 1938 por Albert Speer, cerca de la cual se encuentra el bunker del Führer descubierto en 1990 y vuelto a sellar debajo de unas viviendas anodinas de la antigua Alemania Oriental. Todo fue destruido dejando un gran solar que durante la guerra fría sirvió de terreno entre el muro, se denominaba la “zona muerta”.


Después de la reunificación en 1990 de Alemania en un solo país, se plateó el debate moral de cómo abordar el pasado de la nación y qué hacer con los espacios que habían causado tanto terror en el pasado.

Se tardaron 17 años de debate intenso sobre cómo se debía recordar en Alemania el capítulo más oscuro de su historia, finalmente se eligió el proyecto presentado por el arquitecto norteamericano de origen judío Peter Eisenmann y el escultor Richard Serra, aunque esté último finalmente abandonó el proyecto nada más realizar los primeros esbozos y sin el proyecto aún definido. Eisenmann resultó ganador entre los 553 proyectos que se presentaron a concurso entre los años 1995-98.



Plano de situación y alzado.



La obra de Eisenmann interpretó hacer el monumento como un símbolo no nacional, sino al contrario, un lugar que hace reflexionar sobre el crimen llevado a cabo precisamente por el Estado. Se trata de un símbolo de la buena voluntad de Alemania para enfrentarse a su terrible pasado, un monumento para todo el pueblo alemán. El canciller del momento, Helmut Kohl, que respaldó la propuesta de Eisenmann, pero con la modificación de la construcción de un museo o punto de información subterráneo diseñado por Dagmar von Wilcken. Al pincipio Eisenmann se negó a instalar un centro de interpretación. El arquitecto, Peter Eisenman, estaba en contra del centro de información "El mundo está demasiado lleno de información y aquí hay un lugar sin información. Eso es lo que quería", dijo al seminario Spiegel Online. "Pero como arquitecto uno gana y pierde algo". Finalmente, tuvo que claudicar, instalando un centro de interpretación debajo del monumento, albergando los espacios dedicados a la documentación histórica sobre la Shoah, donde los visitantes pueden obtener información de lo ocurrido entre 1933-45.



Al descender las escaleras se accede a una antesala que funciona como hall y en el que se exponen textos y fotografías que explican los antecedentes históricos. En la primera sala, la “Sala de las Dimensiones”, las paredes son de un gris claro, con paneles de vidrio en el suelo colocados de tal modo que reflejan el patrón de las estelas del monumento que está arriba. Las siguientes 3 salas, la “Sala de las Familias”, la “Sala de los Nombres” y la “Sala de los Sitios”, hacen referencia a familias, nombres, lugares y situaciones relacionadas con el Holocausto. Allí se encuentran los nombres de todas las víctimas judías conocidas del Holocausto, datos obtenidos del museo Yad Vashem de Jerusalem. Se ha calculado que se tardarían 6 años en recitar todos los nombres y quiénes eran la personas víctimas del holocausto.

El monumento fue inaugurado en 2005 con la presencia del canciller alemán Helmut kolch, en un acto de gran solemnidad institucional. Rápidamente surgieron las polémicas que hacen del memorial un espacio abierto a la interpretación. Algunas organizaciones criticaron el monumento ya que no se mencionan a las comunidades rumana y sinti, a los testigos de Jeová, a los homosexuales, a los comunistas ni a los prisioneros políticos que también fueron parte del exterminio perpetrado por los nazis. La ciudad se comprometió a rendir un homenaje también a estas víctimas. En 2012 con la presencia de la canciller alemana Angela Merkel se inauguró el monumento de las víctimas del holocausto de etnia rumana y sinti creado por el artista Dani karavan, donde cada día se pone una flor sobre el triángulo en medio del estanque.


Monumento al holocausto de la víctimas de étnia rumana y sinti, creado por Dani karavan.


El monumento a los gais asesinados en el holocausto fue inaugurado el 27 de mayo de 2008 diseño de Michael Elmgreen y Ingar Dragset. Es una estructura de hormigón que podría recordar al monumento de los judíos justo enfrente, pero este presenta una ligera irregularidad en la forma de octaedro. Junto a él se sitúa una placa explicativa delante del monumento. Berlín muestra sus cicatrices con las placas. Este monumento será tratado con más profundidad en una futura entrega del bloc pues requiere una atención personalizada, simplemente nombrarlo ahora para resaltar cómo la ciudad fue revisando y corrigiendo a posterioridad la polémica surgida en la inauguración del monumento a los judíos y el olvido al resto de las víctimas del holocausto nazi.

Otra polémica surgió al ser contratada la compañía Degussa para proveer una sustancia anti graffiti que recubre el monumento, llegando a pararse la construcción. Esta empresa estuvo ligada a la persecución de los judíos, siendo la productora del gas Zyklon B usado en las cámaras de gas de los campos de concentración. Tras varios debates y una decisión muy criticada por la comunidad judía, la compañía siguió siendo partícipe de la obra. Lo cierto es que Alemania se enfrenta a su pasado continuamente y no puede paralizarse cada vez que choca con él. Los 2.711 bloques utilizados son de hormigón con un tratamiento anti graffiti. "Estuve en contra del revestimiento de graffiti desde el principio", dijo el arquitecto Peter Eisenman a Spiegel Online. "Si se pinta una esvástica en él, es un reflejo de cómo se siente la gente ... ¿Qué puedo decir? No es un lugar sagrado".

El monumento se compone de un gran patio formado por bloques de cemento, a modo de cementerio, laberinto o callejón sin salida; una densa trama entre la que los visitantes pueden caminar en soledad. No hay placa, inscripción ni estatuas que sugieran a la gente que debe pensar o sentir.

La intención fue crear un “mar” de cemento en el cual no existe una entrada principal, y tampoco un punto de salida o de llegada. Desde una cierta distancia, el sitio parece oscuro y denso, como una gran masa. Al comenzar a caminar en el interior, los bloques de cemento se vuelven más imponentes, vistos desde diferentes ángulos, y comienza a perderse el ruido de la calle. El interior es irregular, con el terreno en pendiente, intentando recordar la desorientación que sufrieron las víctimas del Holocausto.



Pasillos Interiores donde se puede apreciar la ondulación del terreno.



Todos los elementos en esta composición están ordenados y geométricamente predispuestos. Al mismo tiempo, el cemento, su color y la asepticidad de la materia crean un sentimiento de vacío.

"No podemos comprender lo que ha pasado. Eso crea en nosotros un sentimiento de impotencia y desorientación. Y eso es exactamente lo que se siente al andar por el monumento". Según Eisenman, “se trata de vivir una experiencia y no de descifrar un significado oculto. El visitante percibe extrañas sensaciones físicas y también puede sentir confusión, aislamiento, desorientación, nunca se sabe dónde se encuentra". Como todos los que fueron perseguidos por el régimen nazi. Las olas, que forman el montaje de 2.711 estelas de hormigón, las generó al azar en el ordenador. Más tarde, sin embargo, Eisenman se expresó críticamente sobre su propia obra: "Creo que es demasiado estética. No quería nada que se viera como un diseño. Yo buscaba lo ordinario, lo banal".


Espacios y estructura

El laberíntico patio está formado por 2.711 bloques paralelepípedos de alturas variables, desde 20 centímetros hasta 4.70 metros. Los bloques alineados están dispuestos en un gran perímetro de forma ortogonal, sobre una base de terreno ondulado y a una distancia de 95 centímetros entre sí, de modo que solo deje pasar a una persona a la vez. Cada bloque tiene un tamaño de 2.38 x 0.95 metros.

Si bien desde el exterior los bloques parecen perfectamente alineados, al ingresar se descubre que están levemente inclinados, tanto en sentido vertical como horizontal. El terreno, compuesto por una serie de losetas de piedra y por luces empotradas, describe una topografía ondulada, lo que permite a los visitantes “desaparecer” entre las losas, como sumergiéndose en el agua. “Primo Levi habla de una idea similar en su libro sobre Auschwitz. Él escribe que los prisioneros no estaban vivos, pero tampoco estaban muertos. En su lugar, parecían descender en un infierno personal”, señala Eisenmann, al descubrir este efecto no pensado al diseñar su propuesta. En total las víctimas del Holocausto suman entre 11 y 17 millones de personas.


Construcción

Cada bloque tiene 95cm de ancho y 238cm de largo y han sido colocados en ajustadas hileras. Sus alturas oscilan entre el nivel del suelo y los 4.5m en el centro del monumento. Altura de los bloques: entre 0,50 los más bajos y 4,5 los más altos.

Cada losa se ha levantado sobre sus propios cimientos y pueden estar inclinadas hasta 2º en diferentes direcciones. El suelo se inclina primero en una dirección y luego en otra dejando un pasillo de 95cm de ancho entre bloques, suficiente para que pase una silla de ruedas o una persona sola, no dos, la intención es que cada visitante viva individualmente el espacio.





Además de los grandes bloques y el terreno ondulado, la luz es otro de los elementos que participan eficazmente en la percepción del lugar. Cuando un visitante se encuentra en el centro del monumento puede llegar a sentir cierta sensación de confinamiento, sobre todo cuando algún otro visitante bloquea la vista del aparentemente distante perímetro. Esta sensación se torna más profunda cuando el cielo está cubierto y las losas de hormigón presentan una apariencia más áspera y sin brillo. Los árboles de Tiegarten abren una visual de esperanza, uno se siente reconfortado cuando ve la naturaleza en el horizonte

Desde su inauguración ya han pasado 17 años y el monumento se enfrenta a un inesperado contratiempo que ha surgido con el tiempo. El material de hormigón del cual están hechos los 2.711 bloques permite que la lluvia se filtre en su interior. El intenso frío del invierno convirtió el agua en hielo que actuó como una poderosa dinamita interior. Los bloques están en peligro de explosión, 2/3 están marcados por grietas a punto de estar devastados. Los periódicos recogieron la noticia de esta forma: “Todo el monumento parece estar sufriendo” descripción del diario Süddeustche Zeitung o en el BILD “lágrimas simbólicas”. El ayuntamiento se ha puesto a reparar este inesperado contratiempo que el tiempo físico y climático han revelado en el monumento y su conservación.


Detalle de los bloques con las grietas y los arneses de protección



El monumento se ha convertido en un punto de turismo de Berlín donde todo el mundo quiere hacerse un selfie o postear su foto en redes sociales. Los berlineses están preocupados, pues el lugar más sagrado y solemne de su país se ha convertido en una despreciada plaza de diversión, donde los adultos disfrutaban del sol en cada uno de sus bloques, cada primavera, y los niños juegan y se esconden por este gran “laberinto”, fue muy comentado un vídeo viral en redes sociales donde unos policías municipales se gravaron sirviéndose de los muros para hacer deporte y flexiones, el escándalo fue de tal magnitud que la policía tuvo que emitir un comunicado pidiendo perdón.

El artista-escritor alemán Shlahak Shapira viendo esta deriva que estaba ocurriendo en el monumento creo la obra “Yolocaust” juego de palabras de Yolo ( you only live one- sólo se vive una vez y Holocausto). Copió los selfies tomados en el monumento y subidos en las redes sociales, modificando el fondo del monumento y reemplazándolo con escenas de campos de concentración, dejando a las personas que se habían tomado el selfie involuntariamente rodeados de cuerpos y cadáveres. El artista describe “Es un fenómeno que había comenzado a notar en Berlín y luego empecé a ver, esas imágenes en todas partes. Sentía que la gente necesitaba saber lo que estaban haciendo realmente, o cómo otros podían interpretar lo que estabas haciendo” en la página donde colgó estas fotos había un correo para poder solicitar que la imagen se eliminara (undouche.me@yolocaust.de).








Esta acción generó mucha polémica. El arquitecto del monumento, Eisenmann se pronunció sobre la acción artística de Shapira “la generación de hoy experimenta mucho a través del lente de un teléfono y no se trata de castigar, exponer o humillar”. El arquitecto diferencia su monumento de Auschwitz o Sachsenhausen “es un ambiente diferente, absolutamentepero no hay muertos bajo mi memorial. Mi idea era permitir que muchas personas de diferentes generaciones, a su manera, trataran o no de estar en ese lugar y si quieren alardear creo que está bien” “Pero poniendo esos cuerpos en las fotos, eso es demasiado. Si me preguntas, esto no es un cementerio, no hay gente allí abajo” “Un monumento es un hecho cotidiano, no es una tierra sagrada”.

Personalmente mi opinión está más cercana a la expresada por Eisenmann, ya que no es tanto la toma de una foto para el recuerdo, más aún pensado que el monumento se ha convertido en uno de los lugares más visitados de la ciudad, sino la actitud que tomamos ante la foto. Por ejemplo, Elena Tablada una “famosa de medio pelo”, pero con miles de seguidores en las redes sociales público en su Instagram una foto en actitud de pose de modelo en el monumento y para más inri añadió el texto “Bebe en el horno” anunciando su embarazo, pero sin darse cuenta del desafortunadísimo comentario al conectarlo al monumento de las víctimas judías en el Holocausto. El problema de esta señora es su total desconocimiento de la historia y de toda cultura y sólo ver a través de sus ojos de postureo estético. Ese es el gran problema, no haber detectado que estos lugares están para conducirnos a la reflexión y a una continua revisión desde “el hoy” con miras al futuro. Rápidamente ante el aluvión de comentarios que recibió se vio obligada a retirar la publicación y pedir perdón por su desconocimiento. Se debe conocer y respetar el significado, son lugares para interpretarlos siempre desde el presente, porque son generadores de conocimiento y memoria, hay que entenderlos y estudiarlos aparte de la fascinación estética que nos puedan causar en la primera impresión. Es un espacio público, sí, pero no para que la ciudadanía organice allí su ocio, es un lugar para la reflexión. El espacio público entendido como espacio de conocimiento común.

«Cerca de 10.000 personas visitan el Memorial a los judíos asesinados de Europa todos los días. Muchos de ellos toman fotografías ridículas, saltan, patinan o andan en bicicleta en las 2.711 losas de concreto de la gran estructura de 19.000 m². El significado exacto y el papel del Memorial del Holocausto es distorsionado. Para muchos, las estelas grises simbolizan lápidas para los 6 millones de judíos que fueron asesinados y enterrados en fosas comunes, o la ceniza gris a la que fueron quemados en los campos de exterminio». Se ha aumentado la presión para que los ‘influencers’ dejen de sacarse fotos "instagrameables" en el Campo de concentración de Auschwitz o Sachsenhausen. Desde entonces, la publicación ha tenido casi 40.000 likes y se ha Re-twitteado más de 20.000 veces, y muchos están de acuerdo con el mensaje necesario e importante.


Post oficial de la página de Auschwitz en Twitter donde se pide respeto


El monumento también ha sido criticado con dureza por los ultra-derechistas alemanes, el político neonazi Höcke se ha referido a él como “un monumento de vergüenza” aludiendo que los alemanes deberían dar un giro de 180º en su política revisionista con su pasado más oscuro. Estas críticas llevaron al colectivo de artistas ZPS (formado por 70 activistas del arte) a instalar delante de la vivienda del político una réplica con 24 losas en la puerta de su casa. El artista Philipp Ruch, filósofo y performer del grupo ZPS fue condenado a una orden jurídica de alejamiento de la casa del político ultra facista Höcke. El colectivo ZPS aseguran que si consiguen 55.000 euros más la copia se podría quedar enfrente de casa de Röcke 5 años más.



Página en YouTube dónde se puede ver la polémica del colectivo ZPS:

https://www.youtube.com/watch?v=nZaCmu-cc3Q&t=182s


Todas estas polémicas hacen del monumento un lugar vivo, que genera vida alrededor de él. Eso hace que cumpla perfectamente con su función de ser un lugar de debate de presente. Un memorial viene a ser referencia de algo del pasado, pero debe suscitar e incrustarse en los debates actuales para no volver a repetir los errores y aprender en este proceso de construcción de humanidad que debemos construir entre todos día a día. Todo debate genera alternativas y propuestas que nos hacen poder afrontar los retos que el ser humano siempre ha tenido como sociedad colectiva y colaborativa, y quizás de este modo algún día podamos salir de ese laberinto que nos apabulla y desorienta. Ese es el reto que todos estos lugares deben ofrecernos, para si algún día poder hacer a la humanidad más humana.



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