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Diálogos en el Espacio Público: “Configuraciones urbanas” (eje Paseo Borbón/Barceloneta), Barcelona.


Corrían tiempos preolímpicos en una Barcelona excitada ante las obras de transformación profunda en el urbanismo y la trama urbana, que la ciudad estaba viviendo intensamente. Desde mitad de los 80, la ciudad empezaba a reconciliándose con el mar, del cual se había olvidado durante décadas, viviendo literalmente de espaldas él. La remodelación del Moll de la Fusta y la instalación de bares dedicados al ocio diurno y nocturno era una apuesta que intentaba dotar de una vida cultural a una zona que hacía años estaba llena de tinglados y muelles que hacían de muralla inaccesible para los barceloneses. Locales como “El Gambrinus” (aún a día de hoy se conserva la gamba diseñada por Mariscal en su cubierta) o el Distrito Marítimo (hermano de mítico Distrito Distinto) eran ideas para generar una nueva centralidad del ocio, clonando bares de éxito en otras zonas de la ciudad y dotándoles de una sucursal en esta nueva zona. Un lugar, donde apenas hacia unos años era hasta peligroso acercarse.

Cumplido el primer objetivo, los urbanistas fijaron el siguiente paso, abrir el Paseo de Juan de Borbón, que iba a conectar la ciudad antigua con el barrio de la Barceloneta. Barrio que siempre había estado desconectado urbanísticamente del resto de la ciudad.

La ciudad desde 1980, cuando el arquitecto Oriol Bohigas (fallecido recientemente) estaba al frente del urbanismo municipal, asumió la filosofía de “monumentalizar la periferia” dentro de sus tres grandes ejes para construir el nuevo urbanismo que quería implementar en la ciudad. Estos tres ejes consistían en: 1º Higienizar el centro, 2º Monumentalizar la periferia, 3º Abrir la ciudad al mar. Se empiezan de esta forma a dirigir proyectos de renovación y revitalización urbana que se llevan a cabo. Los nuevos espacios públicos y los espacios recuperados para la ciudadanía son el mayor ejemplo de la nueva dinámica puesta en práctica, el cumplimiento de sus objetivos, así como por la participación en el proyecto de renombrados escultores internacionales para dotar de valor al entorno urbano en una ciudad que por aquel entonces tenía un déficit con el arte contemporáneo.

La idea de dignificar estas zonas periféricas y degradas de la ciudad era una de las principales premisas del equipo de jefes del urbanismo de Barcelona, tratando de dotar a estas zonas de elementos de alto valor urbanístico y regeneradores por ellos mismos del entorno, transformando el paisaje urbano de la ciudad. Según explica el Organismo de Turismo de Barcelona, “corría el año 1992 y se hacía necesario limpiarles la cara a los barrios más degradados, abriendo la ciudad al mar y decorándola con esculturas a menudo innovadoras”.

En 1987 abre sus puertas en el barrio del Poblenou la fundación “Espai Poblenou”, promovida por el galerista Joan de Muga (propietario de la galería Joan Prats y de la editorial “La Polígrafa”) y dirigida por Gloria Moure, historiadora y crítica del arte. Ambos lograron que las manifestaciones artísticas que planificaban presentaran las últimas tendencias del arte en su momento, gracias a la presencia de un pequeño número de artistas. Es significativo que en su programación para el “Espai Poblenou” parte de los artistas participaran en la exposición “Configuraciones Urbanas” comisionada por la propia Gloria Moure que seleccionó a 8 artistas para otros tantos emplazamientos en los barrios de La Ribera y la Barceloneta. La exposición fue uno de los actos organizados por la Olimpiada Cultural, cuya Directora General era Margarita Obiols. Las obras pasaron a formar parte de la colección municipal de arte público con carácter permanente que ayudaron a enriquecer el valor internacional de la colección de arte público barcelonés marcado desde la colección de 1982 con las obras que ya formaban parte de las calles, como las obras de los artistas: Sergi Aguilar, Ellsworth Kelly, Joan Miró, Roy Lichtentein, Richard Serra, Claes Oldenburg o el homenaje a Picasso del artista catalán Antoni Tàpies.

Barcelona siempre ha necesitado de eventos para catalizar los entornos urbanos y la línea de mar era un claro objetivo a recuperar con la idea de la creación de la Villa Olímpica en las denostadas playas del Poblenou. Se contactó con 8 grandes artistas contemporáneos para proponerles realizar una intervención artística en la zona asignada. A cada uno se le dio un entorno para que libremente propusieran su proyecto y que quedaran para la ciudad como signos de valor e identidad para el nuevo entorno, poniendo en valor la escultura urbana y su potencia para reorganizar, potenciar y generar nuevos retos en el espacio público. Un nuevo skyline ideológico en Barcelona. El arte público como referente de identidad y memoria. Arte actual para una ciudad actual. Toda una filosofía de hacer ciudad contemporánea. Estas obras dan identidad a los espacios en que se ubican como si se trata de objetos de memoria que han de perdurar en el futuro. La imagen del arte público identifica a las ciudades, cuyos paisajes devienen a menudo auténticos hitos.

El proyecto fue comisionado por Gloria Moure y adoptó el título de “Configuracions urbanes”. Integrado por ocho piezas realizadas por otros tantos artistas, seis extranjeros y dos españoles. La iniciativa, tuvo un coste de 150 millones. Moure califica el proyecto como "un marco cohesionado de percepción".

El recorrido de las 8 piezas comienza en la Ribera, finaliza en la Barceloneta y se extiende hasta el Pla de Palau y el puerto. Los artistas seleccionados para este recorrido de esculturas urbanas fueron:


James Turrell, nacido en Los Ángeles (EE UU) en 1943. Título: “Deuce coop”. Instalada en el antiguo convento de Sant Agustí, en la calle de Comerç. Una intervención lumínica sutil en una de Ias puertas de acceso del edificio.


Obra de James Turrel, Convent de Sant Agustí


Jaume Plensa, nacido en Barcelona en 1955, Título: “Born” Esculturas de acero de forma esférica debajo de los bancos de piedra y un cofre de acero sobre un banco del Paseo del Born.


Ulrich Rückriem (Düsseldorf, 1938) “S/T” En el Pla de Palau. Un montaje de cuatro monolitos en forma de cuña de granito finlandés.


Iannis Kounellis, (Grecia, 1936-2017) “S/T” La escultura de Kounellis semeja una báscula de las que se utilizan para pesar café o grano aludiendo al pasado de puerto comercial de mercancías de la Barceloneta. La obra ha estado en diferentes lugares de la ciudad debido al rechazo que provocó su emplazamiento inicial a los vecinos. Kounellis es considerado uno de los fundadores del arte povera.


Lothar Baumgarten, (Alemania 1944-2018) Título: “La rosa dels vents”. Para su, intervención en “Configuracions Urbanes” creó una peculiar rosa de los vientos en un cuadrado de 30 metros de lado en la plaza de Pau Vila, que se inspira en el poema “Veles e vents” de Àusias march.




De todo el recorrido me gustaría poner detenerme en 3 intervenciones que faltan y crean un eje en sí

mismas. Son a mi entender las más interesantes del recorrido:



Mario Merz (Milán, 1925-2003) Título: “Creciendo en apariencia

Ficha técnica: hierro, neón y vidrio. 160 metros de longitud

El artista italiano fue el autor de una instalación compuesta por la sucesión de números de neón rojo dentro de unas ventanas encastadas en el suelo y protegidas por un vidrio blindado como si fuesen ventanas en el suelo. La serie numérica creada por Merz se inspira en la sucesión de números conocida como “Serie Fibonacci” concebida por el matemático medieval Leonardo de Pisa, más conocido por Fibonacci, que ha pasado a la historia como uno de los más talentosos de la Edad Media. Su obra Liber Abaci (1202) provocó un profundo impacto en el pensamiento europeo, convirtiéndose en la pieza clave de la introducción del sistema de numeración indo-arábico dentro del conocimiento matemático occidental. Aunque es a él a quien se le atribuye el descubrimiento de la ecuación matemática que lleva su nombre, la secuencia de Fibonacci ya estaba descrita en textos matemáticos hindúes. Sin embargo, él fue el primero en aplicarla a la naturaleza. La sucesión de Fibonacci es una secuencia numérica que aparece repetidamente en la naturaleza. La encontramos en la espiral que forman las pipas de los girasoles, en el dibujo de las alcachofas, en la construcción de las piñas o en el caparazón de los caracoles. También en el giro de los huracanes o la espiral que forman las galaxias, son otros ejemplos de sucesión de Fibonacci. En el cuerpo humano, las proporciones que existen entre nuestra altura y la altura del ombligo hasta la planta del pie, o la que hay del codo al hombro y del codo a los dedos, también se pueden explicar a través de esta secuencia numérica. En la actualidad, esta ecuación es aplicada en ciencias de la computación (máquina de Turing), matemáticas y teoría de los juegos. Curiosamente, esta forma también se aproxima al número áureo, que sirve para dibujar la espiral áurea, también muy presente en la naturaleza. La fórmula de la sucesión de Fibonacci es muy sencilla de aplicar. Se representa como F(n+1). Consiste en una secuencia numérica que empieza con 0 y 1. Para seguir agregando números a la secuencia, hay que sumar los dos números. Es decir, 0+1=1. La secuencia queda así: 0,1,1. Para hallar el siguiente número, hay que sumar los dos últimos números. Queda así: 0, 1, 1, 2. El siguiente número es la suma de los dos últimos (1+2=3). Y así, hasta el infinito. La fórmula de la sucesión de Fibonacci da como resultado la siguiente secuencia:

0, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233, 377, 610, 987, 1597… (hasta el infinito)

Esta fórmula matemática ha servido de inspiración a numerosos artistas. En Barcelona, la sucesión de Fibonacci se encuentra en diversos edificios modernistas. Este movimiento artístico se inspiró en la naturaleza para desarrollar sus creaciones. En este sentido, Antoni Gaudí, el máximo representante del movimiento, se fijaba en las composiciones botánicas para diseñar sus edificios. Tanto por lo que respecta a los motivos escultóricos que decoran sus edificios, como a la estructura de los mismos, están inspirados en elementos que se encuentran en la naturaleza. Las representaciones más claras de la sucesión de Fibonacci en Barcelona, las encontramos en las escaleras de caracol que comunican los campanarios de la Sagrada Familia con la nave principal. Otro ejemplo de sucesión de Fibonacci en Barcelona, la encontramos en la escalera del patio de luces de la Casa Milà, más conocida como “La Pedrera”, así como en las famosas chimeneas de Gaudí.

Mario Merz usó en Barcelona del 1 al 10.946.Observando la serie instalada en Barcelona desde el aire, se puede apreciar como las distancia entre los números aumenta proporcionalmente según el valor que representan.



“Si la forma desaparece, su raíz es eterna” Mario Merz


Hace años que los números de la sucesión Fibonnacci no se iluminan. Hay varios vidrios rotos y el monumento está en un estado deplorable. Desde el Ayuntamiento de Barcelona un portavoz asegura que “Crescendo Appare” forma parte de “la colección municipal”. El Consistorio informa de que tras, investigar cuál es el problema eléctrico del monumento, se “está redactando el proyecto técnico necesario para poder legalizar la instalación y ponerla, próximamente, en funcionamiento”.

Hasta que llegue ese día, la sucesión Fibonnacci permanece apagada y anónima entre los peatones y turistas. Desde la Fundación Merz de Turín hace años que esperan que las autoridades “intervengan para que la obra de Mario Merz vuelva a aparecer en todo su esplendor en la Barceloneta”.



Vista de la obra de Mario Merz. la última imagen muestra su enclave.


Juan Muñoz (Madrid, 1953-2001) Título: “Una habitación donde siempre llueve”.

Ficha técnica: hierro, bronce y mármol. Dimensiones: 2,9x4,7 x7,9 m

Materiales: Tentempiés: ropa natural untada en poliéster sobre maniquí. Manos y caras modeladas. Todo ello vaciado en bronce en la Fundición Barberí de Riudellots de la selva (Girona).

Muñoz definía el arte como un lenguaje de emociones. La escultura fue su medio primordial de expresión adentrándose en la figuración y el realismo, dotando de prestigio a estas formas de expresión dentro de un momento en que los lenguajes conceptuales y minimalistas dominaban la escena artística de ese momento. Sus obras contenían elementos teatrales y pictóricos como si se desplegara una puesta en escena delante de nuestros ojos.

Las instalaciones de Juan Muñoz generan universos inquietantes, poblados de figuras grises, en los que se establece una comunicación incierta. Generan situaciones ambiguas en las que no puede determinarse si el espectador es objeto de la conversación o si, por el contrario, queda excluido de ella, sin posibilidad de interferir en esa dimensión ajena. La impresión de habitar órdenes distintos se acentúa por el hecho de que la escala de las figuras es ligeramente inferior a la humana.

Cuando Muñoz recibió el encargo de realizar una escultura en Barcelona para el proyecto “Configuraciones urbanas” se centró en algo que siempre le había impresionado: “observar a la gente en la calle; ese silencio que los cubre cuando no oyes lo que están hablando”, y quiso “hacer una habitación así, sin esperanza, llena de una lluvia irrefutable cayendo sobre una conversación indiferente”.

De Barcelona, le atrajo especialmente la arquitectura del Hivernacle del Parc de la Ciutadella. La estructura de maderas laminadas que separa interior y exterior pero que cubre sólo parcialmente la vista del espacio fue, según Moure, su referente para crear la jaula que acoge a las cinco figuras que habitan “Una habitación donde siempre llueve”. Dentro de la jaula se crea un ambiente de misterio e inquietud al cual contribuye la representación expresionista de las figuras. Muestra una clara influencia de la obra y los personajes creados por Luigi Pirandello, autor teatral italiano por el cual Juan Muñoz sentía una gran admiración.


Esbozos de Carlos Perales para el estudio de la obra. Enclave y estudio del Hivernacle, Ciutadella.


Situada en la Plaza del Mar, delante del icónico rascacielos que no sucumbió a las remodelaciones urbanísticas de la Barceloneta durante las preparaciones olímpicas, “Una habitación donde siempre llueve” está enmarcada por cuatro ombúes, árboles que parecen suavizar y disminuir el efecto de extrañeza y aislamiento del grupo escultórico. Inicialmente la escultura estaba rodeada de arena; la posterior pavimentación del suelo añade un arco suplementario que separa la pieza del contexto en el que se ubica.

Una jaula en el interior de la cual hay cinco figuras de bronce en forma de tentempié. Muñoz escogió este emplazamiento por la proximidad con el mar, el acuario y el puerto, aportando su obra una reflexión poética este entorno.

Muñoz siempre deseó crear obras en las que permaneciera el enigma. La extrañeza sigue viviendo en esa cárcel rodeada hoy por el ruido incesante de los turistas.

La pieza original incorporaba agua que en determinados momentos debía salir por unos aspersores colocados en la parte superior de la jaula, pero posteriormente esta idea fue desechada por el propio artista.


Esbozos de Carlos Perales para el estudio de la obra.



Fotos de la obra final en su emplazamiento.



Rebecca Horn, (Alemania, 1944) Título: “l’Estel ferit” / “El lucero herido” / “The wounded shooting star

Ficha técnica: Hormigón, Hierro, piedra y vidrio. Dimensiones: 2,5 x 2,5 x 10 m

Cuatro cubos desencajados que se apilan desordenadamente forman la escultura “L'Estel Ferit”, sin embargo, todo el mundo la conoce como "Los Cubos". Su simbolismo, además, está del todo ligado con el pasado del barrio de la Barceloneta, con la que se rinde un homenaje al barrio pescador.

En este caso, Horn quiso inmortalizar los míticos chiringuitos que hasta hacía pocos años poblaban la línea marítima de la Barceloneta: unas barracas deterioradas pero llenas de encanto que pasaron a mejor vida con la remodelación de la ciudad preolímpica y la ley de costas. También hay quien sostiene que la escultura representa “los cuartos de piso” de la Barceloneta, esto es, los pisos de 30 m2 surgidos a finales del siglo XIX. La artista había vivido de joven unos meses en Barcelona, durante 1964, cuando apenas contaba con 20 años, donde trabajó con fibra de vidrio sin el uso correcto, cosa que la hizo enfermar. Este hecho marcó su vida personal y profesional en el futuro. Al significado conceptual de los chiringuitos y de los pisos de 30 m2 que se construyeron en el barrio habría quizás también que añadir que la propia artista estuviera haciendo reflejo de su paso por Barcelona y su enfermedad, en recuerdo a esa Barcelona que conoció en primera persona. Ella podría ser ese “lucero herido” que cayó en las playas de Barcelona para quedarse varado, representando una estrella herida caída del cielo, aludiendo a su enfermedad contraída.

Sea como sea, lo cierto es que la artista levantó una escultura de 10 metros de alto formada por 4 bloques de acero que se encaraman sobre un pedestal de hormigón. Cada bloque, rodeado de ventanales de vidrio, se articula como un módulo independiente. Superpuestos uno encima del otro, estos cubos parecen bailar con fragilidad y sostenerse por azar. Lo que le confiere una aparente inestabilidad al conjunto, que se recorta sobre el horizonte marítimo.

Los problemas de conservación han sido muchos desde que la escultura fue implantada en la ciudad, continuamente se llena de firmas y dibujos y sus cristales están rotos por el incivismo. Los vecinos se quejan de que el funcionamiento interno de la luz que emite (unas pequeñas chispas alegóricas y poéticas del lucero herido al acabar de caer en la playa) están continuamente averiadas y muchas veces ya ni se encienden.

La escultura sufre de estar cerca del mar. El salitre causa estragos en su estructura. El sol también incide fuertemente en ella, pegando en los cristales y provocando que la temperatura suba y suba en la estrecha torre, arruinando la estructura interior de los tubos de luces.

Algunos vecinos de la zona, altamente "turistificada", se quejan de que «esos cubos atraen problemas». «Al anochecer, alumbre o esté a oscuras, esa cosa es un punto de distribución de drogas», denuncian. Sin embargo, la escultura ha pasado a convertirse en un punto de reunión, pocas personas conocen su nombre o su historia, pero se ha convertido en un punto de encuentro para la ciudadanía, convirtiéndose en un icono del barrio.


Resulta gracioso el encuadre fotográfico de la escultura con la nueva bocanada portuaria, con el hotel Vela como máximo exponente de esta nueva terminal portuaria recortándose en el horizonte, un contraste entre esa Barcelona evocadora del pasado que nos muestra la escultura contrarrestada con las imágenes de la Barcelona “Disneylandia y turistificada” hasta el extremo que es la nueva zona portuaria donde atracan los cruceros.

La transformación de la experiencia: eso es puro arte”, Rebecca Horn






En la actualidad Barcelona ha invertido 1,6 millones de euros en arte público en los últimos cuatro años para seguir dotando de contenido el nuevo frente marítimo y seguir con la idea engendrada con el conjunto “configuraciones urbanas”. Dos de las grandes instalaciones previstas para el área del Fórum aún no se han colocado.

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